DEVOCIONAL PARA NIÑOS:

DÍA 23 - EL UNGIMIENTO JESÚS

 

LECTURA: Juan 12:1-7

Enseñanza:

Estamos entrando a la última semana de la vida de Jesús en el evangelio de Juan. Él es el huésped de honor en el banquete que Lázaro (quien fue resucitado de los muertos) y sus hermanas, María y Marta estaban ofreciendo. Durante la comida, María hizo algo que impactó a quienes estaban en la habitación. Ella les sorprendió a través de:

1) La extravagancia de la muestra de gratitud y adoración. Este perfume era muy caro y en gran cantidad. ¡En la economía de hoy costaría $40,000! Sus acciones mostraron cuánto valoraba ella a Jesús.

2) La unción de sus pies. Era la costumbre que un anfitrión ungiera la cabeza de sus huéspedes con algún perfume, pero no sus pies. Derramar este perfume tan fino fue un acto de devoción sincera y gran humildad de María.

3) Secar los pies de Jesús con sus cabellos. En esa cultura había muchas razones por las que una mujer no se soltaba el pelo en público. Se puede ver que María no se limitaba por el qué dirán de los demás. Ella actuó con un corazón puro para adorar a su Salvador.

Hubo dos respuestas distintas:

1) Judas presenta supuestamente un argumento lógico. María aparenta ser despilfarradora, pero su corazón es puro. Judas aparenta ser habilidoso, pero su corazón era impuro. Era codicioso y ladrón.

2) Jesús protegió a María. Él sabía lo que le esperaba y es posible que Él todavía sintiera el perfume durante su arresto, juicio, azotes y crucifixión, y que el aroma perdurara incluso en su entierro. María ungió a Jesús para su entierro cuando aún estaba vivo. Su amor por Jesús le permitió hacer algo que nadie más pudo hacer.

Preguntas para meditar:

NIÑOS PEQUEÑOS/PRE-K:

· En esta historia, ¿Qué hizo María por Jesús?

· ¿Por qué le dio ella un regalo tan costoso a Jesús?

NIÑOS:

· ¿Quién estaba en ese banquete y quién era el invitado de honor?

· ¿Qué hizo María? Y, ¿por qué lo hizo?

· ¿Cuál es la diferencia entre las reacciones de Judas y de Jesús?

ORACIÓN

Dios, quiero darte lo mejor de mí. Nadie tiene tanto valor como tú y nadie ha hecho tanto por mí como Tú. Ayúdame a no darte las sobras, sino lo mejor. Hazme como María, sentada a tus pies, derramando mi vida y humillándome para adorarte, sin importar lo que piensen los demás. Jesús, gracias por haber ido a la cruz por ambos, Judas y María. Gracias porque tu amor no depende de cuánto te amo. Gracias porque tu amor me hace amarte cada vez más. En el nombre de Jesús, amén.